Las estructuras también se caen

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Las estructuras también se caen

Las estructuras también se caen

La confianza que tenemos hoy en las estructuras, por los medios de cálculo y el conocimiento de los materiales de construcción, nos ha hecho pensar que estas son eternas, y que, aunque rebasemos las cargas de cálculo y dejemos de conservarlas, las estructuras van a seguir estando ahí.

Frente a los muelles de piedra que bordeaban las dársenas de los puertos en el siglo XIX, y en las primeras décadas del XX, la ampliación de los muelles se ha realizado a partir de mediados del siglo XX con hormigón, por medio de muros con pilotes y tablestacas que no planteaban ningún problema, y de estructuras porticadas, como en el muelle que se ha derrumbado en Vigo, cuya estabilidad en el tiempo depende de las cargas con las que fueron calculadas y también de la conservación posterior en un ambiente tan agresivo para el hormigón armado como es el salino.

La Voz de Galicia reproducía el martes la estructura correcta del muelle, con una viga longitudinal paralela al muro existente, apoyada en pilares de hormigón, y unas vigas transversales (posiblemente prefabricadas) que soportaban la plataforma de hormigón armado, construida en los años 80 sobre la que, a comienzos de los 90, se colocó un pavimento de madera.

Una estructura como esta solo puede fallar o por debilidad en sus elementos estructurales, debido a la acción de la corrosión de las armaduras sobre el hormigón, o por un exceso de carga respecto a aquella para la que se proyectó.

En este sentido, los efectos de las cargas no son solo estáticos, sino también dinámicos, debido a los movimientos de la gente. Habría que estudiar en este caso cuál ha sido el origen del fallo estructural.

En cualquier caso, sí sabemos que si las estructuras se caen por exceso de carga o por defecto de mantenimiento (el martes se producía el derrumbe del puente de Génova, diseñado por el gran arquitecto italiano Ricardo Morandi), quienes autorizan los usos sobre las estructuras, o se encargan del mantenimiento, deberían ser conscientes de ello. Un muelle como este de Vigo tiene que recibir la doble autorización del Ayuntamiento y de la Autoridad Portuaria para celebrar conciertos. El Concello tiene que tener ingenieros que informen, y el Puerto, un plan de usos y un reglamento portuario que fije las cargas máximas en cada muelle.

El eco que ha tenido la noticia a nivel nacional permite ver que la sociedad no acepta este tipo de desastres. Sabemos los ingenieros que las obras públicas, y un muelle lo es, necesitan presupuestos de conservación, que la crisis económica ha reducido al mínimo, respecto a los que estamos por debajo de otros países del entorno.

Haya sido esta la causa o el exceso de carga estática y dinámica, solamente el peritaje podrá aclarar el fallo estructural como una medida necesaria para que los ciudadanos se sientan seguros sobre los espacios públicos.

*Carlos Nardiz es doctor ingeniero de Caminos, Canales y Puertos


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