Las viviendas sociales, el campo para experimentar de los grandes arquitectos

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Las viviendas sociales, el campo para experimentar de los grandes arquitectos

La arquitectura social es igual a viviendas de bajo presupuesto para la beneficencia. Esta idea preconcebida no se corresponde ni mucho menos con la realidad. Para muchos arquitectos la libertad creativa que tenían al enfrentarse a estos proyectos suponía un reto.

“Muchos arquitectos de renombre se acercan a las viviendas sociales por varias razones. El hecho de no trabajar directamente con el cliente final les daba cierta libertad y luego el mundo de la vivienda social se trabaja mucho por concurso y los promotores son las administraciones, que normalmente, no suelen meterse demasiado en la parte más estética o arquitectónica del asunto”, explica Alberto Ruiz, profesor de arquitectura de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (URJC).

Madrid ha sido una referencia en las viviendas sociales. La construcción de edificaciones sociales ha recibido numerosos premios por su calidad, innovación y sostenibilidad y prestigiosos arquitectos han planeado promociones en los barrios de Vallecas, Carabanchel o Sanchinarro a principios de siglo, aunque el tema de la vivienda social ha sido siempre una obsesión en la capital. “Particularmente desde mediados de los años 50 en adelante ha sido un sitio donde la experimentación en vivienda social ha sido muy importante. Tenemos varios ejemplos muy concretos como la UVA o el Ruedo de la M-30. Estas iniciativas han sido fundamentales en el desarrollo de la arquitectura en Madrid”, asegura el profesor.

La UVA de Hortaleza

En 1963, un equipo de arquitectos de la talla de Fernando Higueras o Antonio Miró construyeron la Unidad Vecinal de Absorción. Se planificaron como viviendas prefabricadas, de carácter provisional aunque luego se prolongaran en el tiempo hasta el día de hoy. Su diseño, los materiales, su valor arquitectónico y urbanístico rompieron barreras y el trabajo fue reconocido por arquitectos de la talla de Louis Khan y Le Corbusier en el X Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos en Buenos Aires.

“Lo cierto es que la UVA de Hortaleza tuvo tanto éxito que a día de hoy sigue en funcionamiento. En este espacio hubo una voluntad muy clara de crear un espacio común entre todos los vecinos. La imagen más famosa de la UVA son todas esas plantas que se colocaron en las jardineras interiores y que hicieron que aquello acabara convirtiéndose en un barrio propio”, relata Ruiz.

El polémico Ruedo de la M-30

El complejo de viviendas en la M-30, conocido como el Ruedo fue diseñado por el famoso arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza, y es un claro ejemplo de esas edificaciones que son más fáciles de entender para un arquitecto que para un usuario.

Tras ganar el concurso restringido, Oiza consideró que el ruido, el humo y el tráfico de la M-30 no eran lo más atractivo y decidió crear un enorme muro.

“La idea era hacer una especie de muralla que se cierre a la circunvalación y focalizar así todo el interés en los patios interiores. Visualmente para los madrileños es un edificio duro pero para sus habitantes es un proyecto un tanto polémico porque el espacio de las viviendas era muy reducido y en algunos casos mal distribuido. Hay un famoso vídeo de Sainz de Oiza discutiendo con los usuarios porque estos se quejan de determinadas decisiones con esa libertad arquitectónica que les hacía la casa invivible”, comenta el profesor Ruiz.

A estas viviendas se mudó desde Vallecas el poblado del Huevo y eso generó que se trasladaran sus problemas al Ruedo. Un edificio que además contaba con un acceso muy difícil hacia el patio interior con lo que se potenció la sensación de gueto. Así una de las obras cumbres de Francisco Javier Sáenz de Oiza, el arquitecto de las Torres Blancas, la Torre del BBVA, ha terminado convirtiéndose en un espacio polémico y discutido.

El Mirador, lo más novedoso de los últimos años

“El Edificio Mirador es un ejemplo distinto. No es un espacio creado para el realojo, sino que es un edificio de vivienda de precio tasado, la antigua vivienda de protección oficial, y el público que llega es el de gente joven que tiene que acceder de alguna forma a su primera vivienda”, asegura Ruiz.  

El Mirador es otro de los ejemplos paradigmáticos de vivienda social en Madrid.  Se encuentra en el barrio de Sanchinarro y fue desarrollado por un estudio holandés, MVRDV, junto a una arquitecta madrileña, Blanca Lleó.   

“El edificio es actualmente un hito de la capital española pero se excede en encontrar soluciones demasiado imaginativas, algo que ocurre en los concursos de vivienda social”, explica a Idealista/News el profesor universitario. En concreto, sustituye la falta de espacio público por una gigantesca plaza colocada en altura que es la que genera esa imagen tan peculiar del mirador desde el que supuestamente se ve la sierra madrileña.

“Lo cierto es que si los vecinos no la usan como espacio comunal acaba convirtiéndose en algo que no tiene función. Es una solución excesivamente de arquitecto. A veces le proponemos a la gente forma demasiado rara para vivir”, sentencia el educador.


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