Pintura solar

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Pintura solar

Pintura solar

Durante años, los científicos han predicho la creación de una pintura fotovoltaica asequible que podría usarse en las casas para captar la energía solar, aunque la realidad es que todavía han de pasar muchos años antes de que este producto llegue al mercado. Sin embargo, la labor realizada por la doctora Trisha Andrew, profesora adjunta de Química en la Universidad de Wisconsin-Madison, nos ha hecho avanzar un paso más.

Los dispositivos fotovoltaicos orgánicos que pueden incorporarse a un tinte existen desde los años 90. Fabricados a partir de materiales como el carbono, el hidrógeno, el nitrógeno y el azufre, estos dispositivos tienen la ventaja de que su producción es económica, pero la desventaja de ser poco eficaces y tener una esperanza de vida muy corta en comparación con los materiales con base de silicio.

Hace un par de años, Andrew y sus compañeros tuvieron su momento “eureka”. ¿Por qué no convertir eso en una virtud y fabricar un material fotovoltaico capaz de hacer funcionar dispositivos electrónicos, pero tan barato de producir que simplemente se recambie cada vez que se gaste?

“Por ejemplo, si en sus instalaciones se están generando emisiones de CO2, esas emisiones pueden captarse e introducirse en la fachada”.

El director asociado y doctor en ingeniería Jan Wurm, responsable de investigación de Arup en Europa y contacto sobre la casa BIQ (con coeficiente de biointeligencia):

  Pintura solar

La fachada viva construida con microalgas no solo tiene un aspecto bonito, sino que, además, produce biomasa y genera calor. Las materias primas pueden usarse directamente en la casa.

“Lo que nunca antes nos habíamos preguntado era cómo podíamos fabricar esos materiales comercialmente”, explica Andrew. “Es una pregunta que todas las empresas farmacéuticas se realizan a diario. Estábamos siguiendo el mismo proceso de síntesis química, por lo que el siguiente paso lógico era preguntarnos cuál sería el efecto sobre el precio por vatio pico de su síntesis química”.

Al centrarse en el proceso de fabricación, Andrew descubrió que ya habían encontrado un producto comercialmente viable, capaz de hacer funcionar electrodomésticos con energía solar. Con un coste de producción de menos de 50 centavos de USD cada uno, no importaría que las células fotovoltaicas tuvieran una esperanza de vida de entre seis meses y dos años.

“Ahora disponemos de una serie de resultados avanzados muy prometedores sobre los cuales hemos creado una empresa emergente. Podemos crear un panel solar sobre cualquier cosa, incluso sobre papel. Y eso es algo que no puede hacerse con el silicio”, afirma Andrew. “Tanto desde el punto de vista científico como lógico, una pintura es algo asequible. Si la fase uno funciona, se podrá fabricar esa pintura, pero seguramente no será antes de una década”.


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