La conflictiva historia de las Torres Colón: del arquitecto "loco" a "destrozar" un icono de Madrid

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La conflictiva historia de las Torres Colón: del arquitecto "loco" a "destrozar" un icono de Madrid

La conflictiva historia de las Torres Colón: del arquitecto "loco" a "destrozar" un icono de Madrid
  
   

Los tres cambios de las Torres de Colón.

Son la torres de la discordia. Feas, horribles, para muchos. Un icono de Madrid para otros. Su historia está llena de baches, de grandes momentos de gloria y profundos conflictos. Ahora, cuando se van a cumplir 50 años de su construcción vuelven a generar titulares. Dos arquitectos con ideas opuestas. El hijo de quien las diseñó, que ahora tiene su propio estudio de arquitectura y que hasta ahora se había encargado de todas las remodelaciones de estos edificios, y Luis Vidal, el arquitecto que se va a hacer cargo de su próxima reforma.

Pero volvamos al principio. A finales de los años 60, el arquitecto Antonio Lamela presentó un proyecto innovador para lo que ahora conocemos como la plaza de Colón. Era muy amplio y una de las reformas más importantes era la construcción de dos torres que parecerían suspenderse en el aire. 110 metros de altura y 23 plantas que darían a Madrid la modernidad que en aquella época comenzaba a verse necesaria.

El edificio se empezó a construir por el tejado y fue el primero en España dentro de la «arquitectura suspendida»

Le aprobaron su construcción y en 1969 empezaron las obras. Fue muy llamativo, se trataba del primer edificio de lo que se denominaba «arquitectura suspendida» que se realizaba en España y comenzaron por el tejado.

En un primer momento quisieron que estas torres se dedicaran a uso residencial, un piso por planta. Incluso llegaron a construir un piso piloto a las afueras de Madrid para que los posibles compradores pudieran ver a la perfección donde iban a vivir, pero el proyecto sufrió varias complicaciones, la más importante la de un conflicto judicial entre el Consistorio y el promotor.

Imagen de la construcción de las Torres de Colón.

El problema estaba en que al ser de uso residencial su altura superaba en 9 metros la permitida por la ordenanza municipal y el alcalde Carlos Arias Navarro ordenó paralizar la obra e incluso pidió que las derribasen. El conflicto duró tres años, durante los que todo fueron especulaciones. Amador Lamela, hermano del arquitecto, confesó en un documental que mucha gente pensaba que «por lo visto el arquitecto se ha vuelto loco, lo habían encerrado en un manicomio, y no sabían cómo terminarlo».

En 1975 se inauguraron las torres y su primer propietario fue el conglomerado de empresas Rumasa

Pero en 1973 las obreros y las grúas volvieron al lugar. Ganaron el juicio y en vez de cobrar al consistorio la indemnización millonaria que le debía le cambiaron el uso: de residencial a oficinas, con lo que ganaban bastante más dinero. Así, por fin en 1975 se inauguraron las torres y su primer propietario fue el conglomerado de empresas Rumasa: le pusieron el nombre de Torres de Jerez, ya que tenían origen en Jerez de la Frontera.

Pero llegaron los 80 y la famosa expropación de Rumasa. En 1983 las torres ya pertenecían al Gobierno y tras una subasta pública pasaron a pertenecer al grupo británico Heron Internacional, que en 1986 pagó 4.350 millones de pesetas por ellas.

La carcasa naranja y el enchufe verde

A partir de entonces todo se tranquilizó pero las ya entonces Torres de Colón volvieron a dar que hablar en 1992. Una nueva normativa de seguridad contra incendios le obligaba a realizar una importante remodelación. Se necesitaba construir una escalera de evacuación y le encargaron al mismo equipo que la había construido, que en ese momento estaba dirigido por el hijo de Lamela, Carlos, que se encargara de aquello.

Heron Internacional seguía siendo la propietaria y se negó a paralizar la actividad en sus oficinas para realizar la obra. Por eso, a Carlos Lamela se le ocurrió colocarlas fuera, entre ambas torres, y para ello diseño un soporte encima del edificio. Además, tuvo que añadir una carcasa para soportar el peso.

Aquello se acabó materializando en el polémico «enchufe verde» y la «carcasa naranja» de la fachada, lo que provocó más críticas que halagos para Lamela y su estudio. Lo que ahora dice el acalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, que «no le gusta a nadie».

Las Torres de Colón después de la reforma de los 90, con el «enchufe verde».

Con la reforma ya terminada fue la Mutua Madrileña la que compró el edificio en 1995. Le costó 8.845 millones de pesetas. Allí se han mantenido desde entonces y en 2017 presentaron al Ayuntamiento una consulta urbanística para su reforma. Al poco tiempo de realizar esta petición, el Consejo Regional de Patrimonio Histórico pidió protección para su estructura interna.

La Mutua asumió la petición y decidieron, ante la sorpresa del sector, darle el proyecto al estudio de Luis Vidal, autor de, por ejemplo, la Terminal 2 del aeropuerto de Heathrow en Londres. Se trataba de la primera reforma en estas torres que no le encargaba al Estudio Lamela, que aunque también había entregado el proyecto no había convencido a Mutua.

La reforma realza el edificio sostenido y mantiene su altura actual»

Más de 65 millones de euros para, según argumentó Vidal en la presentación, «devolver a las torres el carácter innovador con el que nacieron». Para ello van a quitar el enchufe que se colocó en los noventa y que, aunque en un primer momento chocó, ahora es considerado un icono de la ciudad. También eliminarán algunas plantas de abajo y construirán hacia arriba sin aumentar la altura de las torres. Según Ignacio Garralda, presidente de Mutua Madrileña, «la reforma realzará el edificio sostenido y mantendrá su altura actual».

El proyecto de Luis Vidal.

Pero no es un opinión mayoritaria. Ni la Asociación en Defensa de las Torres Colón, ni el hijo del arquitecto que las diseñó comparten ese proyecto. Tal y como aseguró la primera al diario El País, consideran que «las obras no son interiores, son de reestructuración general y ampliación, es decir, de enorme alcance y envergadura, con gran incidencia al exterior y, por supuesto, no respetan la protección porque, además de que se demuelen materialmente partes de la estructura del edificio, se pervierte y adultera el sistema estructural, añadiendo grandes volúmenes edificados, mediante sistemas estructurales totalmente ajenos y que no tienen nada que ver con la arquitectura suspendida, de forma que, además, se desfigura su imagen original de dos torres gemelas para configurar un único edificio».

El proyecto de Luis Vidal, que es un gran arquitecto, no responde a que da valor a ese edificio»

La misma opinión que muchos profesionales del sector. Algunos arquitectos no están de acuerdo con esta remodelación ni con que Vidal sea el encargado del proyecto. Por ejemplo, Juan Pablo Rodríguez Frades, de Frades Arquitectos, asegura que «las Torres de Colón son un hito que significó en su momento un gran cambio estructural. El enchufe, que pudo chocar en su momento, ya está consolidado y el proyecto de Luis Vidal, que es un gran arquitecto, no responde a que da valor a ese edificio».

Además, añade que «el propietario, que es un particular, debería haber encargado este proyecto al mismo equipo, a Lamela, que tiene una trayectoria fantástica y que siempre se ha hecho cargo de las remodelaciones».

Por su parte, Carlos Lamela lo ha tildado de «escándalo» y asegura que se está poniendo en peligro un edificio «que fue una proeza en su momento». «Yo estoy convencido de que el Ayuntamiento estudiará esto con seriedad y llegará a la conclusión única que se puede llegar: que la estructura debe protegerse en su totalidad».

Vía: https://www.elindependiente.com/


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